domingo, 27 de julio de 2008

Erratas, sexo y trinquetillo

Un día se publicó un artículo mío en el que, una vez más, habían escrito mal mi segundo apellido en la firma. Me llamó enseguida mi amigo Roberto Puello Aráuz, que era entonces embajador de Panamá en Argentina.
- ¡Hombre, Fermosel, ya le han vuelto a trastocar su apellido!. Ya sé que mal de muchos consuelo de tontos; pero fíjese, mi amigo, a usted le han cambiado una e por una o. Pues bien, menos Puello, a mí me dicen de todo: Cuello, Pella, Pollo, Pillo…
Puello Aráuz, uno de esos privilegiados seres humanos que tienen gracia y sentido del humor a la vez –cosa infrecuente-, no sabía que me han confundido y me confunden con un fotógrafo que se apellida Fermoselle, con un periodista argentino que se llama Adolfo Fermoselle y vive en Nueva York y que también a mí me dicen cosas como: Fermodyl, Fernandel, Fernández, Fermoselles e incluso Ferroucosell, apellido este último con el que me firmaron una crónica que publiqué en un diario de Cúcuta (Colombia).
No importa; son, o mejor dicho, eran cosas de los llamados duendes de las imprentas, que ahora son los de las computadoras.
En mi lejano y añorado Madrid –estando yo en prácticas en un diario popular- los duendes me hicieron decir que “las tripas del general Montgomery se esparcían por el norte de Africa”, en vez de “las tropas”… Estaba traduciendo un libro sobre la Segunda Guerra Mundial.
Otra vez escribí para una revista no ya católica, sino muy pía, que “el obispo de la diócesis alabó el celo (apostólico, debía entenderse) de las hijas de María”. Salió:
“El obispo de la diócesis alabó el culo de las hijas de María”.
No sé si no fue peor lo que le pasó al líder conservador español Manuel Fraga Iribarne cuando era ministro de Información y Turismo y andaba, allá por los sesenta, tras las rutas de turismo. Un periódico dijo:
“El ministro Fraga tras las putas de turismo…”
En otro orden, el mejor primer párrafo de cualquier información policial que yo haya leído en mi vida, publicado ya no recuerdo dónde, es el siguiente:
“Con la promesa de que le daría caramelos, un obrero de la construcción llevó hoy aquí a una anciana de 86 años a un foso y, una vez allí, sació en ella brutalmente su pasión por tres veces”.
Siguiendo con el sexo, otro día, en una radio, una locutora dijo “orgasmo” en vez de “organismo”.
Un título: “Niño mordido por el burro de su padre”. Los lectores se quedaron sin saber si el niño fue mordido por un burro que tenía el padre o si el padre, que era un burro, mordió a su hijo.
Lo que sigue lo presencié yo en Málaga. Un inglés llegaba a puerto en un balandro, haciéndose un lío con las velas. Un marinero que lo veía venir en el muelle se desesperaba, tratando de explicarle cómo tenía que hacer la maniobra.
-¡Suelta el trinquetillo! (1) -gritaba el marinero-.
El inglés, que no entendía una palabra de español le respondía en su idioma:
-“I beg your pardon!”. (le ruego que me perdone).
Y así una y otra vez hasta que el malagueño le preguntó en inglés chapurreado:
- “Do you speak English?”
- “Yes, sir”
–le contestó el balandrista-.
- ¡Pues, coño, suelta el trinquetillo! –le espetó el andaluz-.
El inglés no soltó el trinquetillo y chocó contra el muelle, afortunadamente sin consecuencias.
Debo explicar que en esa época mis conocimientos de inglés eran bastante escasos y, desde luego, no sabía cómo se decía trinquetillo en ese idioma, ni me parece que lo sepa ahora que lo hablo fluidamente. Así que no pude ayudar.

(1) Vela triangular, a modo de foque, que se larga en un cable inmediato y paralelo al estay del trinquete. Estay: cabo o cable que sujeta un palo.


© José Luis Alvarez Fermosel


4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Ay, las erratas, qué horror que son! Es buenísima la nota y muy graciosa también sus anécdotas. Un beso. Marina (Pcia. Corrientes)

Anónimo dijo...

Marina: me alegro de que te haya gustado parte de la gran colección de erratas que tengo. Gracias por escribir. Un beso.

Anónimo dijo...

Hola!! me ha gustado mucho las anécdotas. Yo me llamo Alicia Fermosel, y me pasa exactamente lo mismo... escriben de todo menos Fermosel, por cierto...soy de Madrid.

Saludos!!

Anónimo dijo...

¡Alicia, yo también soy de Madrid! ¿No seremos parientes? De cualquier manera, no tenemos otro remedio que seguir sufriendo que nos escriban mal nuestro apellido. Gracias por escribirme y cariños.